miércoles, 13 de diciembre de 2006

OPINION


GAMONEDA ¿ALQUIMIA O LITERATURA?
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Eduardo Bajo Alvarez
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Un vistazo al escaparate de cualquier librería nos da idea de la moda literaria despertada por el Código Da Vinci: catedrales, castillos, mazmorras y templos que ha animado a muchos escritores a buscar su piedra filosofal por los caminos de lo misterioso e iniciático.
Una notoriedad como la que, en lóbregos laboratorios, buscaban los alquimistas, mezclando todo tipo de sustancias y conjuros para alcanzar la ansiada piedra que todo lo convertía en oro. La misma que hoy consiste en la presidencia de un club deportivo, un asiento en un hemiciclo o una recalificación.
Con todo, los palos de ciego de los alquimistas, dieron algunos resultados útiles, como el alcanfor, sintetizado por Raimundo Lulio. Pero muchos avances no se alcanzaron por ignorar el fenómeno de la “catálisis”: la presencia de un agente, catalizador, que hace posibles ciertos procesos químicos. Un raro fenómeno que no vemos pero muy habitual en nuestra vida. Pongamos un ejemplo de primerísima actualidad. Así, el fenómeno Antonio Gamoneda. Un poeta solitario, algo huraño y poco comunicador que, en su apartado retiro en León, busca, combina y da la vuelta a las letras para, a partir de este ingrediente primigenio, crear algo nuevo y hermoso. Una vida de sacrificio dedicada la ardua lucha contra las leyes de la sintaxis y la estilística.
Hasta que un día la fortuna le sonríe en forma del ansiado agente catalizador en forma de amigo –el Presidente Zapatero- y ¡zas! La maraña de fonemas, sílabas, palabras, frases sin sentido se convierten en la piedra filosofal del Cervantes.
Todo un éxito. El proceso ha concluido, pero ni la alquimia, ni la catálisis, ni la política han servido nunca para dar a luz unas gotas de lirismo, un gramo de poesía.

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